Por lo loco que está, el siguiente cocodrilo debió de criarse en un zoo ruso como poco. Y es que no es fácil ver la fiereza natural en una escena tan infrecuente como la que sigue a estas líneas: una mamá elefante junto a a sus dos pequeñuelos sacian su sed en una charca del Parque Nacional de South Luangwa en Zambia y de repente algo dentro del agua atenaza la trompa de la madre, que se sacude asustada. En esta ocasión, como en muchas otras, el tamaño sí importó.
